“Es la Palabra de Dios la que suscita la fe, la alimenta, la regenera. Es la Palabra de Dios la que toca los corazones, los convierte a Dios y a su lógica, que tan distinta es de la nuestra; es la Palabra de Dios la que renueva continuamente nuestras comunidades… ”
— Papa Francisco
La gracia puede más que la ideología. “Las cosas de Dios suceden de su mano”. “Dios da el pan a sus amigos mientras duermen”. El encuentro de Saulo con Jesús es el acontecimiento que describe la transformación posible de incrédulo a creyente, de perseguidor a apóstol.
Observamos el acompañamiento que brinda Felipe, el uso de las Escrituras para explicar el pasaje bíblico, la celebración del bautismo y, por último, la desaparición del diácono de la escena. Estos elementos son fundamentales en el ejercicio del acompañamiento espiritual: acompañar, iluminar con la Palabra, celebrar la fe y desaparecer, sin buscar protagonismo ni crear dependencia.
Cuando se interpretan los acontecimientos a partir del final, a menudo se descubre un sentido providencial, aunque en el momento de los hechos puedan ser percibidos de manera negativa, tal como sucede en el pasaje que hoy se nos propone meditar.
TEXTO BÍBLICO “Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la…
Muy pronto los primeros cristianos sufrieron persecución y algunos de ellos compartieron con la palma de martirio la suerte de Jesús. Sabemos que el primer mártir fue el diácono Esteban, y Santiago el primer apóstol condenado a muerte por Herodes.
Este III Domingo de Pascua volvemos a escuchar la aparición de Jesús a los discípulos reunidos en el Cenáculo. Los discípulos le dan de comer pez asado y, según San Juan, Jesús les espera en Galilea a la orilla de la playa con un pez sobre las brasas. La Eucaristía es el sacramento en el que Cristo se nos da, para que nos entreguemos
Un lema evangélico, personalizado por Jesús, es “servir”. “El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”. La Iglesia ha restablecido el ministerio de los diáconos permanentes, y sigue invitando al laicado para asumir diferentes servicios eclesiales. Es momento propicio para ofrecer las propias capacidades, a la vez que de extender los ministerios eclesiales.
La confianza de los que actúan según Dios, se demuestra en el abandono confiado en sus manos. Hoy necesitamos testigos esperanzados, confiados, abandonados en las manos de Dios y arriesgados, creyentes en la Providencia divina.
Hoy se proclama el núcleo de la fe: “Jesucristo que padeció, murió, resucitó, y ha sido exaltado por Dios a su diestra”. No profesamos una doctrina, sino la pertenencia a una persona que vive y nos ha revelado la misericordia divina.
Perdón, Jesús, por mis dudas, ¡Señor mío y Dios mío!
Perdón, Jesús, por mi increencia, ¡Señor mío y Dios mío”
Perdón, Jesús, por mi escepticismo, ¡Señor mío y Dios mío!
Perdón, Jesús, por exigir señales de tu presencia, ¡Señor mío y Dios mío!
La referencia a las primeras comunidades cristianas siempre es un motivo de esperanza. La solidaridad, la comunión, la mutua referencia, se convierten en llamada permanente de renovación.
TEXTO BÍBLICO “El Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está…
















