Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti. (San Agustín)

 El Misterio de la Santísima Trinidad abarca las dimensiones esenciales de la persona, la dimensión vertical, al relacionarse con Dios Padre; la dimensión horizontal, al tratar con Jesucristo, Hermano; y la dimensión interior, al saberse habitado por el Espíritu Santo en el más profundo centro del ser.

“Para favorecer este Año de la Oración se han realizado algunos breves textos que, en la sencillez de su lenguaje, ayudarán a entrar en las diversas dimensiones de la oración” (Papa Francisco)

Estar, tan sólo estar ante Él y con Él. Yo no veo al Señor, pero Él me mira. Saberse en su presencia.

“Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, | proclamad día tras día su victoria”

Los maestros espirituales definen la oración como relación de amistad: “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Santa Teresa)

A la hora de orar, en todos los casos, se parte de la relación con Jesús. Ante Él y con Él caben todas las expresividades de la vida hechas amorosamente como signo de un trato personal con quien sabemos que es el Señor y que nos ama.

Sorprende el modo en que Jesús se dirige a su madre, según el Cuarto Evangelio, llamándola “mujer”. El contexto bíblico, en ese nombre, revela la identidad de María como la nueva Eva, esposa y madre, icono de la Iglesia y de la nueva humanidad redimida.

“El temor de Dios es el don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios. Esto es el temor de Dios: el abandono en la bondad de nuestro Padre que nos quiere mucho” (Papa Francisco)

“El don de piedad suscita en nosotros la gratitud y la alabanza. Piedad, por lo tanto, es sinónimo de auténtico espíritu religioso, de confianza filial con Dios, de esa capacidad de dirigirnos a Él con amor y sencillez, que es propia de las personas humildes de corazón” (Papa Francisco)

“El don de ciencia, no ciencia en el sentido técnico, como se enseña en la Universidad, sino ciencia en el sentido más profundo, que enseña a encontrar en la creación los signos, las huellas de Dios, a comprender que Dios habla en todo tiempo y me habla a mí, y a animar con el Evangelio el trabajo de cada día; a comprender que hay una profundidad y comprender esta profundidad, y así dar sentido al trabajo, también al que resulta difícil.” (Papa Benedicto XVI)

“Con el don de fortaleza, el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón, lo libera de la tibieza, de las incertidumbres y de todos los temores que pueden frenarlo. Es una gran ayuda este don de fortaleza, nos da fuerza y nos libera también de muchos impedimentos” (Papa Francisco)

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