“Es la Palabra de Dios la que suscita la fe, la alimenta, la regenera. Es la Palabra de Dios la que toca los corazones, los convierte a Dios y a su lógica, que tan distinta es de la nuestra; es la Palabra de Dios la que renueva continuamente nuestras comunidades… ”

— Papa Francisco

El Maestro de oración apela a la bondad divina y a su misericordia, cuando de manera explícita lo vemos intercediendo por las necesidades de quienes se acercaban a Él por distintos motivos

La gran señal cristiana es la Cruz, y en ella, Jesucristo, inmolado como Cordero que da la vida en rescate de todos los hijos de los hombres.

El auge de la piedad popular demuestra la esencia antropológica del hombre religioso. Sin embargo, la Iglesia llama a los católicos a conocer las Sagradas Escrituras, a meditarlas y sobre todo a saber iluminar los acontecimientos de la vida con la luz de la Palabra

Siempre me ha sorprendido que en el mismo Evangelio en el que se proclaman las Bienaventuranzas, se enumeren las obras de misericordia. Y me pregunto sobre la compatibilidad de “Bienaventurados los que tienen hambre” con “Venid, benditos de mi Padre porque tuve hambre y mes distéis de comer”.

El Éxodo, el exilio de Israel y la Cuaresma tienen alguna similitud, en cuanto que son periodos de tiempo en los que se percibe, por un lado la tiranía de los enemigos del pueblo de Dios, y por otro lado, el ofrecimiento providencial permanente como invitación a retornar a la fidelidad, al gozo de pertenecer al único Dios.

La conversión del corazón acontece como respuesta a la gracia, y Jesús demuestra especial sensibilidad hacia quienes la necesitan, no importa oficio, estado social u origen. En su propia presentación, el Señor declara su opción fundamental: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos

Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos”

ESCUCHAR Y MEDITAR LA PALABRA. El texto bíblico expresa la forma de amar a Dios: escuchando su voz y adhiriéndose a Él. Y en otro libro actualiza la llamada: “Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”

La Cuaresma es tiempo de solidaridad. Compartir los bienes es una actitud que los primeros cristianos tuvieron como distintivo.

A manera del peregrino que toma su mochila para recorrer el camino, al comenzar la Cuaresma recordamos el consejo de Dios a Moisés al inicio de su travesía del desierto: tener “ceñida la cintura, calzar sandalias en los pies y llevar bastón en la mano”.

Solo hace falta oír el corazón, más adentro que el pálpito o latido, escuchar la atracción de la paz, y seguir tras los pasos más gozosos.

El evangelista revela en pocas palabras hasta qué extremo Jesús compartió nuestra naturaleza haciéndose, por nosotros, uno de tantos. Y no solo eso: aparece en la fila de los pecadores, come con publicanos,