Pregúntame, Señor, por si te quiero. No me dejes sumido en mi silencio, memoria herida por mi negación primera.

Pregúntame de forma reiterada si mi amor llega al tuyo, aunque no lo alcance, para poder desahogar el alma. Déjame decirte que te quiero, aunque sé de las veces profesadas, Sin éxito fiel, mas no ceses.

No ceses, tres veces, siempre, permíteme confesar mi herida, pues Tú lo sabes todo, sin decirlo.

Pregúntame por ti, por si te quiero, por si sé quién eres, por mis miedos, por dónde estoy y qué busco. Solo tu pregunta me hará consciente, al pronunciar lo que llevo dentro. No ceses, Maestro, Señor, no ceses.

Sé quién eres, y es mi dolor creerlo con los labios, por de fuera, mas Tú lo sabes todo, y te profeso. Creo en ti, no permitas contradiga con las obras las palabras, y profese el amor, sin restricciones.

Solo tu perdón permite atreverme a profesar mi amor por ti, como algo nuevo, sincero, coherente. Sé Tú en mí el amor primero, el amor de joven, y el más maduro, sé Tú en mí el amor sincero.[/column]

AutorMeditación

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