Perdón, Jesús, por mis dudas, ¡Señor mío y Dios mío!
Perdón, Jesús, por mi increencia, ¡Señor mío y Dios mío”
Perdón, Jesús, por mi escepticismo, ¡Señor mío y Dios mío!
Perdón, Jesús, por exigir señales de tu presencia, ¡Señor mío y Dios mío!
La referencia a las primeras comunidades cristianas siempre es un motivo de esperanza. La solidaridad, la comunión, la mutua referencia, se convierten en llamada permanente de renovación.
TEXTO BÍBLICO “El Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está…
Vengo ante ti, Señor. Sé que estás, mas no te veo.
Te miro, sin poder describir tu rostro,
y sé que me miras con ternura.
En soledad aparente, no estoy solo, ni el silencio es la razón de este encuentro.
TODO SE HA CUMPLIDO. Los cinco sentidos han sido afectados por la Pascua. Los discípulos y las mujeres han visto y han creído. Jesús se deja abrazar y palpar. El resucitado les pide de comer y se manifiesta en la fracción del pan. El Señor, en las diferentes apariciones, les dirige la palabra.
Si se quiere comprender mejor la Sagrada Escritura, aunque esté formada por 72 libros, al ser el Espíritu Santo el autor último de toda la Revelación, cabe y es recomendable leer un texto en el contexto mayor.
Toda la Biblia se comprende desde Cristo. Desde la Pascua se comprende la Creación. Porque Cristo ha resucitado, queremos conocer lo que hizo y lo que dijo. Solo desde Cristo se comprende la Biblia.
La Biblia es una carta de amor para ti de parte de Dios. Lo que hace la Biblia tan emocionante no es el libro en sí mismo, sino el hecho de que por medio de ella nos encontramos con la persona que amamos. La Biblia entera trata de Cristo.
Emaús sucede el primer día de la semana, al atardecer. Es la hora del comienzo del día, la hora en la que se celebró la Última Cena. La hora de embarcar para alcanzar la otra orilla. Cada día es posible vivir el encuentro con el Resucitado que nos explica las Escrituras y nos parte el Pan eucarístico.
Los discípulos de Emaús, al final del día, comprendieron que la vida del Maestro obedeció a las Escrituras. Cuando se leen con fe, de forma orante las Escrituras, desvelan la presencia del Resucitado en el camino de la vid
TIEMPO DE CREER. Creo en ti, Señor resucitado y vivo, compañero de mi camino, que nunca te impones, don recibido de tu bondad. Creo en ti, que estás en mis heridas, en mis límites y vacíos, en mis quiebras y caídas, experiencia constante de tu presencia resucitada.
JESUCRISTO, EL SILENCIO Y EL VACÍO DE DIOS. La belleza nace del vacío de Cristo en la cruz, de su costado abierto, que aguarda la respuesta transfiguradora. Ante la entrega total de Jesús, por un amor concreto a la voluntad de su Padre, que revela el amor de Dios a toda la humanidad, el silencio es la respuesta de aquellos que asistieron al momento histórico de la muerte del Señor
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