Quitando hierbas a las calabazas, cebollas y puerros

Labrador, no siembres tu semilla,

sin antes disponer bien mi tierra.

No arriesgues tu Palabra fecunda

sin roturar antes mi parcela.

Cambia mi corazón endurecido.

Hazlo receptor de tu mensaje.

Poda, bina, descanta y escarda,

mi huerto y mi viñedo estéril.

Espérame a que pase el invierno,

si es preciso, a que pase el hielo,

No cedas, sembrador, en tu oficio

echa sobre mi tu sementera.

Recuerdo ilusiones pasajeras,

reacción primaria efusiva,

que no duran en los tiempos recios,

ni son auxilio en la noche oscura.

Hiere Tú, sin miedo, mi corteza.

Hunde tu semilla en mis entrañas,

y del hondón del Alma germine,

espigue granada la cosecha.

Reconvierte mi desierto en huerto,

Y mi páramo en vergel frondoso.

Llueve abundante mi campo yermo,

hazlo mesa, pan multiplicado.

Lérida, 29 de enero, 2020

 

AutorMeditación

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