“Es la Palabra de Dios la que suscita la fe, la alimenta, la regenera. Es la Palabra de Dios la que toca los corazones, los convierte a Dios y a su lógica, que tan distinta es de la nuestra; es la Palabra de Dios la que renueva continuamente nuestras comunidades… ”

— Papa Francisco

Este relato es uno de los más emblemáticos del Evangelio, ya que muestra cómo aquel que era despreciado, a quien le mandan callar, no deja de gritar: “Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí”.

Jesús compara el Reino de Dios con la semilla de mostaza y con la levadura, dos imágenes que coinciden tanto en su pequeñez como en su fecundidad. El Reino de Dios tiene fuerza en sí mismo,

Jesús aprovecha la ocasión para afirmar la esencia de su mensaje evangélico: “El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, sea esclavo de todos”. Y resuenan sus palabras: “El que quiera ganar su vida, que la pierda”.

Porque Cristo ha resucitado, la contemplación de los misterios de la vida de Jesús es el alimento de la fe. El relato del Evangelio de San Mateo evoca el testimonio de María Magdalena y la otra María, dos testigos de las primeras noticias del hecho más transformador de la historia.