De una u otra forma el creyente tiene la llamada a relacionarse con Jesús. Resuena la expresión sálmica: “Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote” (
La diferencia esencial, que señala la Biblia, entre Dios y los ídolos, consiste en que Dios es un ser vivo, mientras que los ídolos son inertes, y lo expresa aludiendo a los cinco sentidos.
Año de oración TEXTO BÍBLICO “Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá…
Los contemplativos tienen el don y la llamada de convertirse en alabanza a Dios, en nombre de toda la humanidad. Al comienzo del canto de las Horas, se reza: “Señor, ábreme los labios”, y se responde “y mi boca proclamará tu alabanza».
Las parábolas de Jesús revelan su conocimiento agrícola, así como la cultura social y laboral de su tiempo. En ambos relatos, el Maestro compara el reino de Dios con una semilla, incluso con la más pequeña, como la mostaza. Sin embargo, al igual que la semilla contiene el vigor para convertirse en un árbol, el reino de Dios guarda en su seno la fuerza eficaz para convertirse en fruto fecundo.
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
San Agustín nos enseña: “Canta como suelen cantar los viandantes; canta, pero camina; alivia con el canto tu trabajo, no ames la pereza: canta y camina. ¿Qué significa «camina»? Avanza, avanza en el bien.
Los discípulos, después de la Transfiguración del Señor, quedaron en silencio. En el desierto el silencio es respiración, arropo, cobijo, manto. Es melodía, susurro, gemido. Se palpa, envuelve con extrema suavidad, acerca los aromas que anticipan la presencia.
El silencio es fortaleza, se convierte en bálsamo que restaura, reconcilia, posibilita recuperar la sensibilidad, la atención, se convierte en posada samaritana, en la que se curan tantas heridas, que se producen en el camino de las relaciones humanas y como efecto de tantos mensajes agresivos.
El silencio no se adquiere de forma gratuita, se debe hacer ejercicio espiritual para introducirse en él. Tantas veces, depende de la paz interior de la conciencia.
“Oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa” (Gén 3, 8). “Después del fuego el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto»
Jesús, en el Evangelio, enseña unas nuevas relaciones que superan a la carne y a la sangre. La biología no es la razón de la filiación divina ni de la fraternidad humana. Somos hijos de Dios y todos hermanos por gracia del misterio de la Encarnación.
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