TEXTO EVANGÉLICO
“Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará” (Jn 15, 1-7).
COMENTARIO
Siempre que leo este pasaje me sobrecojo; si la imagen de la viña infiel aparece en la Biblia para describir la idolatría del pueblo de Israel, el hecho de que Jesús se presente como vid y como ofrenda de vino en la Última Cena significa que el Labrador divino encuentra, por fin, la vid frondosa de la que se extrae el mejor vino.
Si hemos afirmado que el Cuarto Evangelio tiene un sentido esponsal, la parábola de la vid y los sarmientos refuerza la imagen de la unión más íntima —aquella que se expresa en los sarmientos unidos a la vid—, evocando la relación que se da en el matrimonio.
Si hay un texto que ensalza la relación de amor es el Cantar de los Cantares; en él se puede leer la invitación del amado a la amada: «Las viñas en flor exhalan su perfume. Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente» (Cant 2, 13).
PROPUESTA
Permanece unido a Jesús







