TEXTO BÍBLICO

“Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. Lo habían instruido en el camino del Señor y exponía con entusiasmo y exactitud lo referente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan. Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios.” (Act 18, 24-26)

COMENTARIO

El Espíritu Santo suscita en el corazón de los hombres buenos discípulos de Jesús. El testimonio de Apolo demuestra cómo para Dios no acepción de personas y se da cuando quiere, según dice Santa Teresa de Jesús: “Aunque lo ordinario es que se ha de haber estado en la que acabamos de decir, no es regla cierta, como ya habréis oído muchas veces; porque da el Señor cuando quiere y como quiere y a quien quiere, como bienes suyos, que no hace agravio a nadie a quien quiere, como quiere y cuando quiere” (IVM 1,2)

La gracia de la conversión es cada vez más frecuente en procesos personales de ingresos o de retornos a la Iglesia. Ante estos hechos se constata la efusión gratuita de la gracia. Sin embargo, la gracia no anula la naturaleza, sino que la perfecciona, por ello es necesario acompañar al neoconverso en su iniciación a la fe: “Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios”.

En la catequesis del primer anuncio entre adultos, según diversos métodos, se observa, por un lado el fenómeno de la apertura a la fe, pero a su vez el riesgo de que los convertidos no tengan después un acompañamiento que les fortalezca en circunstancias adversas, y en la vida diaria.

PROPUESTA

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