TEXTO EVANGÉLICO

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban” (Jn 6, 16-21).

COMENTARIO

El Evangelio narra el quinto signo de Jesús, cuando sorprende a los discípulos en plena tormenta caminando sobre el agua. Con esta acción, el evangelista desea revelar quién es Jesús, sobre todo al identificarlo con la expresión más teofánica: «Yo soy».

Este texto se convierte en luz cuando todo parece hundirse y los acontecimientos hacen pensar que no habrá otro futuro que la catástrofe, el hundimiento de la barca y la muerte de los discípulos. Tantas veces, los datos y los hechos nos inclinan hacia los peores augurios y, sin embargo, no sucede lo que parece más lógico.

Si se relee el relato, es fácil encontrar un paralelismo con la descripción de la travesía del mar Rojo, cuando los israelitas pensaban que no habría otro final que morir a manos del faraón. Y lo que sucedió fue algo sorprendente: el paso del mar a pie enjuto; los que parecían destinados a morir se salvaron, y los que iban a caballo se ahogaron.

PROPUESTA

Confía siempre en el Señor

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