TEXTO EVANGÉLICO
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». (Mt 16, 15-19)
COMENTARIO
El lugar donde Pedro hace la profesión de fe en Jesús es la fuente del Jordán. Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, las aguas de Banias, trasparentes y limpias, pueden evocar no solo la confesión de Simón, sino el bautismo de los discípulos, que consagrarán su testimonio con la entrega de su sangre. «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado» (Mc 10, 38-40).
Jesús trata a Pedro del mismo modo que aparece al final del Cuarto Evangelio: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». (Jn 21, 15). Con nombre y apellido, el Maestro desea que Pedro explicite no solo que lo confiesa, sino que le ama. En definitiva, creer es amar, y amar es creer.
En este contexto nos viene a la memoria el texto de Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCe 1).
PROPUESTA
Confiesa y ama a Jesucristo







