TEXTO PROFÉTICO

“Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora” (Isa 58, 6-8).

TEXTO EVANGÉLICO

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,14-16).

COMENTARIO

Siempre me ha resultado fascinante la afirmación evangélica: «Vosotros sois la luz del mundo». No dice seréis, ni lo plantea de manera condicional. Surge así la correspondencia con las Bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»; «bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3.10).

La primera lectura de este domingo señala la razón por la que uno es luz cuando es misericordioso: «Entonces surgirá tu luz como la aurora». No se trata de una lucubración teórica; puede comprobarse personalmente. Siempre que uno sale de sí mismo de manera compasiva hacia los demás, se enciende en el corazón el fuego del amor y se descubre la necesidad de amar para arder por dentro.

Jesús, que vivía en una casa sin más luz que la que entraba por la puerta, toma de su experiencia doméstica el gesto de mantener la lámpara encendida para iluminar el interior de la casa, y lo convierte en una imagen luminosa del obrar bien: «Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras».

PROPUESTA

Haz el bien y brillarás en tu entorno

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