Mira el horizonte despejado.

El hielo y la nieve vuelven más azul el cielo.

Rompe la inercia de saberte frágil.

Cada día es trecho para los valientes.

El belén se hizo con materiales pobres.

Las horas se tejen de amor derramado.

No importan las gestas: lo poco es valioso

si se hace como icono trascendente.

Día a día se recorre la existencia,

afrontada con ánimo secreto,

nacido de saberse amado

por Aquel que hizo todo y que nos hizo.

Es distinto mirar la altura de la cuesta

que dar tan solo un paso tras del otro

en cada jornada de lo cotidiano.

Y, de pronto, se ve alcanzada la meta.

Inicia a ritmo medido la andadura,

pues el camino diario es largo.

Ayuda no saberse solo en el empeño

y sentir, desde el alba, la presencia.

No sobrecargues las espaldas con el peso

del deseo inalcanzable y prestigioso.

Vive la danza de las horas sabiéndote

apoyado siempre en la misericordia.

Cada día tiene su afán, dice la Biblia,

y a cada día le sobra su disgusto.

No adelantes imágenes futuras.

Vive el hoy abrazado en confianza.

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